Tapia, Minerva. “La frontera como coreografía” Volume Numero 5, Issue No. 50 (2018): 6-13.

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La frontera como coreografía

Las fronteras despiertan el sentido crítico de quien las vive, y es por eso que artistas han creado obras que aluden a la frontera México-Estados Unidos. La danza contemporánea que me ocupa en este escrito, es aquella que se genera en la región Tijuana-San Diego y que citan a la frontera entre México-Estados. La línea o frontera entre México y Estados Unidos fue implementada en el año de 1848 (St. John 2), y desde entonces ha sido motivo de problemas y negociaciones entre ambos países, pero también motivo de inspiración, creando así una cultura fronteriza.

 

En este texto analizo coreografías que llamo danzas fronterizas, y que inician en los años 90s. Mi intensión es demostrar cómo el cuerpo bailarín encarna la frontera; y exponer qué tipos de fronteras usan los coreógrafos contemporáneos como inspiración. En específico tengo especial interés en darle visibilidad a las aportaciones de la coreografía para el estudio de fronteras.

 

Mucho se ha investigado y escrito en ambos lados de la frontera sobre la cultura fronteriza y ésta me ha servido como guía. La doctora en letras Hispánicas, María Socorro Tabuenca Córdoba, escribe que lo que nosotros describimos como literatura fronteriza o escritura fronteriza, en muchos casos se refiere a conceptos, más que a una región geográfica. Sin embargo, para aquellos que estudian la frontera por el lado mexicano, generalmente encontramos difícil pensar en la frontera sólo como una metáfora, y éste ha sido el caso de muchas de las danzas fronterizas que están inspiradas en el espacio geográfico, en específico por el cruce por garitas o en el cruce sin documentos (Tapia 11).

                                                        

El tópico “frontera” lo vemos en la literatura, en el arte, en el cine y hasta en la música. Pero hasta recientemente no lo habíamos percibido en danza, de una manera clara en ambos lados de la frontera. Generalmente quienes se han encargado de estudiar las fronteras, son los sociólogos y los antropólogos, a pesar de ello, ahora con la producción de danzas fronterizas apreciamos cómo el coreógrafo entra a un nuevo terreno de investigación; y pone sobre el escenario el sentido crítico en movimiento, que le ha despertado la experiencia fronteriza. Si bien la metodología del estudio de la frontera a través de estadísticas nos ofrece una clara idea de la cantidad, la coreografía nos aporta el ver, además de números, la representación de los cuerpos que son afectados por la frontera, de manera que pueden provocar empatía de un modo más directo que los números. Juntos, ambos acercamientos de estudio se potencian y nos ayudan a comprender el fenómeno fronterizo.  

¿Qué son danzas fronterizas?

Entiendo como danzas fronterizas, aquellas obras interpretadas a través de la danza contemporánea, que tienen como asunto principal actividades y conflictos fronterizos y transfronterizos. Estas danzas abordan factores sociales, económicos, políticos o de identidad, que afectan a sus creadores y a los espacios donde ellos residen. Algunos temas pueden venir desde el uso de la comedia para hablar de identidad, hasta coreografías bañadas de violencia para hablar del narcotráfico. El tema más común en ambos lados de la frontera, es aquel que trata sobre la migración indocumentada hacia los Estados Unidos.

 

Son obras híbridas compuestas por movimiento contemporáneo, que en algunos casos han incluido voz, música, silencios, textos, proyección de imágenes, gestos que denotan de qué lado del bordo es creada su danza, objetos de escenografía y utilería que aluden a la región. Casi en su mayoría existe una línea, un límite, un bordo, algo que divide el espacio usado, misma que pudiera ser creada con una luz, con los cuerpos de los bailarines, con una imagen, con texto, con escenografía o con utilería. Si bien su creación inició en los 90s en la región Tijuana-San Diego, su producción se ha realizado en otros estados de la República Mexicana, así como en estados como Arizona, Illinois y Texas.

 

En la danza, el tema se ha tratado de diversas formas, y quizás podemos tomar como precursores de lo que hoy conocemos como danza fronteriza a coreógrafos como, José Limón y Anna Sokolow. En sus coreografías, José Limón representa fronteras ideológicas, fronteras físicas y fronteras metafóricas. En trabajos como Danzas Mexicanas (1939), Limón negocia sus raíces mexicanas desde lejos, desde otro país y desde otra cultura. Él cruza la frontera para no olvidar sus orígenes. Anna Sokolow, una cruzadora de fronteras, crea obras como El exilio (1939), en ella analiza el dejar un país, y se inspira en el cruce de la frontera entre Israel y Estados Unidos. Sokolow, al igual que Limón, viven largos años produciendo coreografías que de alguna manera están relacionadas con otro país. Ellos representan a una generación que cruzó fronteras, viven cruzando fronteras físicas, culturas; y exploran tópicos de identidad. Más que enfocarse y experimentar una frontera cerrada y gruesa, experimentan una frontera porosa, porque crearon puentes para cruzarla.

 

Los coreógrafos y sus danzas fronterizas

Entre las coreógrafas que han realizado danzas fronterizas en San Diego, están Nancy McCaleb, Jean Isaacs, Patricia Rincón y Allison Green. Para McCaleb, Isaacs, y Green, Tijuana ha sido un espacio artístico en el cual han querido colaborar. En cambio para Rincón, aunque latina, su interés en cruzar o recruzar una frontera ha sido con países del Cono Sur. McCaleb es una de las primeras coreógrafas en producir más de una danza fronteriza, sus obras abordan la identidad fronteriza con trabajos como “Zona Río” (1996). McCaleb trata la identidad fronteriza desde la parodia y el humor. Es central para la discusión de danzas fronterizas, lo complejo del escenario afectivo en la coreografía fronteriza; en los casos de Isaacs (My/Your Border, 2009) y Green (Nothing to declare, but everything to say, 2006), ambas han tenido un larga amistad con bailarines del lado mexicano, y su producción coreográfica de cierta manera es reflejo de esta comunicación. Aluden a la frontera física, al borde, a la garita que ellas mismas han tenido que experimentar. Patricia Rincón creó la obra Peeled (2010), para los estudiantes de la Universidad de California, San Diego, obra que trata uno de los asuntos más visibles en las danzas fronterizas, el tema de la inmigración indocumentada (Tapia 164).

 

Actualmente la producción de danzas fronterizas se está dando no sólo en los espacios de coreógrafos de San Diego y Tijuana. Su producción también se origina en colegios y universidades de Estados Unidos, como Southwestern College en Chula Vista, la Universidad de Texas en El Paso, la Universidad de California en Riverside, y la Universidad de Northwestern en Chicago; espacios donde existe una gran población de latinos, primordialmente de mexicanos.

 

Los coreógrafos que han incursionado en este tipo de danzas en Tijuana son, Jaciel Neri con la obra Bodies are not Borders; Henry Torres y Ángel Arámbula con Flor de 7 hojas; y el trabajo que he realizado con el Grupo de Danza Minerva Tapia, desde 1995 con obras como Danza indocumentada, Ellas danzan solas/illegal border, La cobija y Cuerpitos fronterizos. En Tijuana, la producción de danzas fronterizas es mayor que la de San Diego, y los tintes de dramatismo en el escenario son más evidentes. Otros coreógrafos, aunque no han realizado danzas fronterizas, crean un lazo de colaboración con algún miembro de la comunidad dancística del otro lado de la frontera. No estoy diciendo que todos los coreógrafos en Tijuana tienen alguna relación artística con San Diego, pero sí es una característica de la región y esto se debe a una cercanía con una ciudad como San Diego, que cuenta con varios grupos de danza contemporánea. Los temas de las influencias estéticas y de las colaboraciones, por cuestión de espacio, las desarrollaré en otro escrito.

 

Fronteras/Borders

Para poder comprender los problemas abordados en las coreografías, no sólo hay que pensar que son reflejo actual de nuestra sociedad, sino que históricamente la identidad cambiante de la frontera y su compleja carga de problemas políticos, afectan cotidianamente a creadores que viven cerca de frontera. Estas coreografías pueden crear espacios de reflexión. Las danzas fronterizas nos hacen pensar en dónde está situada la nacionalidad. El tema de la nacionalidad en la frontera, ha sido puesto bajo la lupa por la cultura fronteriza, por ejemplo, los grupos musicales que representan a México en el imaginario, no únicamente sus temas hablan de México, sino que no viven en México, como son los casos de los Tigres del Norte, Los Tucanes de Tijuana, Intocable, Lupillo Rivera y varios jóvenes mexicanos gruperos. La frontera en estas circunstancias particulares, pone en duda la territorialidad del ser mexicano. “El otro México que acá hemos construido, el espacio es lo que ha sido, territorio nacional. Este es el esfuerzo de todos nuestros hermanos, y latinoamericanos que han sabido progresar” (Los Tigres del Norte). En muchas ocasiones, la música regional mexicana es usada en las danzas fronterizas (Flor de siete hojas, de Lux Boreal; y La cobija, del Grupo de Danza Minerva Tapia).

 

Para entender el problema de la frontera México-Estados Unidos y cualquier otro, es conveniente escuchar las diferentes voces de ambos lados. En las letras del lado norte, Gloria Anzaldúa la ha pensado como “… una herida abierta donde el tercer mundo raspa contra el primero y sangra” (25), y del lado sur, Norma Iglesias Prieto nos dice, que una frontera “aunque produce tensión, implica simplemente un trámite que quita tiempo en su rutina diaria de circulación en ambos países” (98).  

 

La frontera, en momentos, puede parecer inofensiva o poco importante, pero en otros, parece un monstruo que despierta cuando menos te lo esperas, mucho depende de dónde te encuentres en relación a ella. Las definiciones de quien vive de cerca la frontera en ambos lados del bordo, han indicado la problemática que existe en ella. La región en la cual las danzas fronterizas inician o proliferan, es el sitio donde las tensiones entre ciudades hermanas, son profundas. Norma Iglesias Prieto lo ve así, “la frontera México-Estados Unidos, en particular la de Tijuana-San Diego, ha sido reconocida históricamente por sus múltiples procesos de interacción e integración, pero también de tensión. Ésta es una región en la que los sujetos se ven constantemente provocados y confrontados por la compleja y dinámica realidad que los envuelve. Las numerosas provocaciones han servido como materia prima para la creación artística y la investigación científica” (Iglesias 97). Estas provocaciones han servido para que las danzas fronterizas puedan ser también un espacio generador de resistencia.

 

Conclusión

Sin duda, las danzas fronterizas pueden ser creadas desde cualquier lugar, puesto que las experiencias de la frontera originan el encarnizar un tipo de frontera que se lleva dentro, las experiencias fronterizas se expanden más allá de la geografía donde existe un borde o una frontera. Pero también, es más evidente que la cotidianidad de cruzar o vivir cerca de una frontera produce y despierta la reflexión, y ésta, la creatividad. Es por eso que la mayoría de las danzas fronterizas se han creado cerca de una frontera física.

 

No nos sorprendería que las danzas fronterizas tuvieran continuidad durante estos años, y que presenten un repunte en esta época, debido a los problemas políticos y sociales provocados por las políticas racistas de Donald Trump; y la reciente ola de violencia generada por actos relacionados con el narcotráfico y el feminicidio.

 

Como lo menciono anteriormente, las danzas fronterizas creadas en ambos lados de la frontera México-Estados Unidos, a pesar de que su producción están divididas por el borde físico y político, y de que éstas son coreografías que construyen espacios de reflexión y casos de resistencia, paradójicamente nos identifican y nos unen como gremio dancístico fronterizo. Se puede decir, que las danzas fronterizas son parte de la identidad dancística de la región. Generalmente se piensa que las fronteras nos separan; no obstante, los gremios de danza de Tijuana y San Diego, están unidos por su producción de danzas fronterizas.

 

Referencias bibliográficas

 

Anzaldúa, Gloria. Borderlands: The New Mestiza/La Frontera. San Francisco: Aunt Lute, 2007. Impreso. p. 25.

John, Rachel St. Line in the Sand: A History of the Western U.S.-Mexico Border. Princeton: Princeton UP, 2011. Impreso. p.2.

Iglesias Norma Prieto. “Tijuana Provocadora. Transfronteridad y procesos creativos.” En Transfronteras: Fronteras del mundo y procesos culturales. Colegio de la Frontera Norte: Tijuana, Baja California, 2015. Impreso. pp. 97-98.

 

Tapia, Minerva. Danzas Fronterizas: Contemporary Dance at the U.S.-Mexican Borderland. 2014. University of California, Riverside, PhD dissertation. Impreso.